La era de la desigualdad. 30 años de neoliberalismo en México

México atraviesa actualmente una crisis que parece marcar el inicio del fin de una era, la del neoliberalismo en este país. A las presiones ejercidas por el sistema financiero internacional, se suman las presiones de su vecino más conflictivo: los Estados Unidos de América del Norte, que lejos de continuar apoyando los gobiernos de la derecha mexicana, ha comenzado una desmedida embestida por parte del flamante presidente electo Donald Trump ¿El motivo? Los Estados Unidos quieren enterrar el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) para amplificar el alcance de su política proteccionista.
No son solo las presiones internacionales las que ponen en jaque al Estado mexicano, son también las medidas que los gobiernos desde 1988 (y antes también) vienen aplicando de manera constante. Medidas que en el continente americano han tenido momentos de auge y declinación, pero que en México se han mantenido constantes, han producido diversas crisis, pero sobre todo han generado una sociedad más injusta, con más pobres y más desigualdad. Todo este conjunto de medidas han sido conocidas como políticas neo liberales.
1988 es un año clave para todo este proceso. Carlos Salinas de Gortari es electo presidente por el Partido de la Revolución Institucional, partido predominante en México y portador de las banderas de Justicia Social y la soberanía, pero llevando adelante (en sintonía con varios gobiernos de la región) un programa de privatizaciones y ajustes que van a tener consecuencias en por lo menos tres planos que van a modificar la situación social del país hasta llegar a la actual crisis.
México contaba para ese año con más de 1000 empresas nacionales, que fueron privatizadas masivamente, este proceso tuvo como principal exponente a la compañía telefónica TELMEX. Quedó a salvo el sector energético con PMEX y la Comisión Federal de electricidad, en la práctica el Estado empezaba a apartarse de su intervención en la economía.
Otro de los hitos de este gobierno es la firma del famoso TLCAN que, favores de Estados Unidos mediante, iban a transformar al sector automotor de México en el principal exportador nacional al mercado norteamericano.
Aparece en escena en esta época una escisión del poderoso PRI denominada Partido de la Revolución Democrática o PRD, reivindicando la participación del Estado en sectores estratégicos de la economía y en la creación de mejores condiciones para el desarrollo y la equidad. La segunda consecuencia es la primera victoria importante del Partido Acción Nacional (PAN) que representa al sector empresario mexicano y que gobernaría el país durante toda la primera década del siglo XXI, poniendo en agenda la discusión de la privatización de PEMEX. El Ejercito Zapatista de Liberación Nacional es otro síntoma de la ausencia del Estado, en este caso en el sur del país, donde se desarrolla un potente armado político, militar y administrativo. Los paramilitares comienzan también a expandir su influencia en el país.
Mil páginas podríamos escribir sobre las políticas recesivas de México durante estos 30 años, no es necesario, la realidad es que este tipo de políticas han mantenido una pobreza que no ha bajado del 50% de la población, han generado un aparato militar paralelo, han perdido el control sobre varios territorios nacionales mexicanos, han mantenido un sistema político ultra corrupto que incluso ha desencadenado en los conceptos de narcoestado y Estado fallido, esta política ha llegado al ridículo de que el precio de un litro de combustible supera a un salario mínimo.
La vulnerabilidad con la que se configura un país de las dimensiones de México cuando el neoliberalismo gobierna es total. México fue uno de los principales promotores del TLCAN a favor de Estados Unidos, también fue el principal defensor del Área de Libre Comercio de las Américas. Eran favores para seguir manteniendo un modelo exclusión imposible en condiciones de libertad popular para desarrollarse y buscar un camino propio. Las oligarquías locales de México, como las del resto de América Latina, tuvieron un compromiso político muy fuerte para garantizarse recursos que les permitieran llevar adelante políticas de concentración de los recursos y exclusión de los sectores populares, por eso siempre han articulado con el establishment norteamericano, creando Estados dependientes.
El apoyo más o menos explícito de las oligarquías latinoamericanas a la campaña del partido demócrata en las últimas elecciones de Estados Unidos da cuenta de los niveles de acuerdo con el establishment norteamericano, es una devolución de favores. Recordemos que durante la administración de Barack Obama las intervenciones políticas, económicas e indirectamente militares fueron varias en América Latina, miremos: Paraguay, Honduras, Ecuador (intento de golpe fallido), Venezuela (intentos fallidos), más recientemente Brasil, todos con apoyo norteamericano claro en función de garantizar el apoyo a sus intereses en cada país y, por supuesto, de poner a sus aliados oligárquicos al mando del Estado.
La victoria del candidato Republicano significó una exposición total de las vulnerabilidades de un país de tradición neo liberal, dependiente de flujos extranjeros para funcionar. Sin haber asumido como presidente, Donald Trump puso en jaque a toda la economía Mexicana. Con el cambio de administración en Norteamérica, también parece estar resolviéndose que el TLCAN ya no sirve, Estados Unidos planea poner aranceles a las importaciones mexicanas para repatriar capitales estadounidenses que mudaron parte de su producción a México ¿El muro? Es parte del escenario de negociación que plantea Estados Unidos para terminar con el tratado de libre comercio.
El país vivía un desarrollo ya de por sí pobre y excluyente, pero además ficticio, no dependió nunca de la voluntad de México, sino de la voluntad de otros, sin el apoyo de Estados Unidos, la economía mexicana entera tiembla. Esta no es una situación coyuntural, es la consecuencia de 30 años de neo liberalismo como política de Estado.
Dependencia, exclusión, desigualdad y pobreza son las consecuencias del neoliberalismo. Encontrar caminos alternativos depende exclusivamente de los sectores populares y medios, integrados y organizados para realizarse con sus propias capacidades, reduciendo los niveles de dependencia y posibilitando el ascenso y la integración social característica de sociedades más justas. Generar condiciones de autonomía, organización y solidaridad es el compromiso que tenemos todos los que peleamos por una sociedad más inclusiva, con justicia social y desarrollo en favor del pueblo.
Por: Agustín Leira

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